La Conciencia Moral
La conciencia moral
La conciencia moral
es la capacidad que tiene un individuo para discernir entre lo que está bien y
lo que está mal desde un punto de vista ético. Es un proceso interno mediante
el cual evaluamos nuestras acciones y decisiones a la luz de principios morales
y valores éticos. Esta capacidad nos guía para tomar decisiones que
consideramos correctas o justas, y nos lleva a sentir remordimiento o culpa
cuando actuamos en contra de nuestros principios morales.
En el presente
artículo se realiza un análisis filosófico de la ética y la moral como
fenómenos culturales; se parte de definir la especificidad de cada uno de estos
fenómenos para examinar la multiplicidad de enfoques científicos que existen en
la contemporaneidad en la comprensión de la moral como fenómeno social. Esto permite, desde posiciones
científicas dialéctico-materialistas,
abordar la estructura interna de la moral como fenómeno social, a partir de la dinámica
compleja de la actividad moral,
las relaciones morales y la conciencia moral y revelar el carácter regulador de
la misma sobre la conducta de los hombres a partir de los componentes
intrínsecos de la conciencia moral y sus mecanismos socio-psicológicos.
Las demandas éticas contemporáneas están estrechamente ligadas al fenómeno de
la cultura. Si la cultura abarca todas las esferas de la actividad humana, y la
moral penetra toda la variedad de manifestaciones de dicha actividad, entonces
queda por sentado, que la moral es un fenómeno cultural. Pudiera decirse que la
moral es una dimensión de la cultura, una dimensión omnipresente y universal,
que se caracteriza por el aspecto cualitativo de significación social.
Puede entenderse como el aspecto cualitativo, de significación social, que ha cristalizado en el sistema de relaciones sociales históricamente formadas, como resultado de su actividad histórico-social.
Como resultado del desarrollo humano, los hombres, históricamente, han tratado de dar una explicación, una razón filosófica de esa significación social de dichas relaciones; o sea, han pasado a justificar teóricamente la existencia de la moral, a expresarlas en forma de conceptos y juicios acerca de lo malo y de lo bueno, de lo justo y de lo injusto, como las formas más simples y a la vez más generales de la moral.
Su uso se expandió por toda Europa y fue recibiendo en el proceso de desarrollo cultural distintas connotaciones; sin embargo, el término "ética” conserva su sentido inicial, el que le dio Aristóteles, o sea, es la ciencia y la moral es el fenómeno real, su objeto.
En el lenguaje cotidiano, ambos términos se utilizan indistintamente, como sinónimos, lo que se debe no sólo a la comunidad del origen de los términos, sino también a que la moral como fenómeno real lleva implícita determinada justificación conceptual, una fundamentación de sus normas y de sus principios; y por otro lado, la ética, a su vez, no se reduce a un análisis teórico imparcial, sino que recomienda y orienta, por lo que tiene un contenido normativo similar al de la conciencia social común; esto quiere decir que en determinados momentos se entrecruzan en su contenido.
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